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Las profecías que nos devuelven el horizonte: Memoria y futura del Abya Yala
- 27/10/2026
- Posted by: Redacción
- Categoría: Eventos
Introducción.
Esta investigación surge como forma de darle fundamento y de invitarles a participar en el proyecto que soñamos y vislumbramos hace diez años, un camino que hoy cobra vida material y al cual les convoco con profunda alegría: la Caravana de la Unión de Corazones del Águila y el Cóndor (CUCAC).
La Caravana es un llamado sagrado, un fuego encendido que convoca a los seres de todos los rincones del planeta a integrarse en un solo rezo y en un mismo corazón. Este peregrinaje ceremonial recorrerá el continente durante los años 2027 y 2028, trazando una ruta viva que culminará en la Aldea Paititi, en el corazón palpitante de la Amazonía.
A la comunidad activa que hoy sostiene el Círculo de Medicina, así como a las muchas almas que se sumarán en este tiempo venidero, les invito a adentrarse en esta investigación que expone las profecías que fundamentan, guían y sostienen nuestra misión común.
El Texto.
Vivimos un proceso de profunda transformación humana: un cambio de era que es, en los hechos, un colapso civilizatorio. Desde su perspectiva endógena, esta debacle se concibe como una crisis escatológica, como una ausencia absoluta de horizonte que no es más que el resultado de una trágica pérdida de origen. Ha transcurrido ya suficiente tiempo como para que, de las primeras poblaciones humanas que caminaron la Tierra hace varias decenas de miles de años, se haya extraviado —al menos en apariencia— el registro necesario para afirmar con certeza la continuidad de aquello que hoy llamamos civilización.
Fue a partir de la oleada de nueva colonización desplegada por los pueblos europeos hacia el resto del orbe que se comenzó a redactar una historia y una narrativa lineal que hoy, sin haberla investigado ni cuestionado a fondo, tomamos por una verdad dada e incuestionable. Un marco conceptual según el cual la tecnología —la escritura y sus derivados— solo comenzó a desarrollarse hace escasos 3,000 o 4,000 años para definir lo que es “civilización”, divorciándonos, distinguiéndonos y pretendiendo habernos superado de un pasado remoto donde supuestamente no éramos más que bestias salvajes.
Esta misma visión histórica, desprovista de fundamento real, sirvió y sirve como justificación ideológica para quienes cimentaron las estructuras del poder económico y militar del presente: un globalismo civilizador que nos rige desde hace más de 500 años y que apenas hace dos siglos se consolidó bajo las categorías dogmáticas de lo que hoy consideramos “avance”, “civilización”, “progreso” y “desarrollo” —la actual matriz civilizatoria petro-industrial-militar—. Sin embargo, los propios científicos que esta misma civilización produce ya no pueden ocultarlo ni negarlo: hemos rebasado los límites biofísicos planetarios y no existe futuro alguno para el curso del modelo que hoy habitamos.
Esta dramática carencia de un horizonte real obliga al sistema a fabricar mundos virtuales de ciencia ficción, escenarios hiperconectados donde la realidad material pueda ser sumergida e insensibilizada entre los colores y fantasías de futuros utópicos y distópicos; futuros que se proyectan como inevitables en el presente y que hacen del propio colapso una épica entretenida, estética y digna de ser consumida.
Más allá de esta pantalla y de quienes eligen ser parte de esa fantasía-realidad, están y estaremos quienes sí contemplamos con lucidez la realidad planetaria y nos preguntamos rigurosamente por el futuro de aquellos que no sucumban junto con el naufragio civilizatorio. Este futuro —así como el marco cosmovisivo del génesis y del horizonte humano, planetario y de la creación misma— se ha transmitido de forma ininterrumpida a través de la tradición oral, preservado en relatos y profecías por los pueblos originarios. Son ellos quienes, unos más que otros, se han mantenido al resguardo dentro de modelos civilizatorios auténticamente civilizados, donde la destrucción del territorio y del tejido ambiental jamás es confundida con el desarrollo.
La crisis humana jamás será resuelta dentro del mismo nivel de conciencia que la engendró. Afuera, antes y después de esta cárcel cognitiva, permanece intacto el vasto conocimiento intuitivo-meditativo transmitido de generación en generación. Un saber que se fundamenta en la gnosis: la capacidad directa del ser para aprehender la naturaleza del cosmos en el que habita, allí donde las limitaciones intelectuales del modelo de pensamiento de una civilización en decadencia no pueden estrangular la verdad del mensaje que se transmite. Las profecías y cosmovisiones de los pueblos originarios no son fabulaciones poéticas ni mitos folclóricos destinados a quedar atrapados en la retórica colonial; son la realidad del universo que existe más allá de la colonia —una civilización de autofagia—, un orden vivo al cual estamos todos invitados, tarde o temprano, a pertenecer.
Es desde esta pertenencia profunda que, por más de 25 años, quien sostiene la bandera de la Unión de Corazones del Águila y el Cóndor desea convocar a esta peregrinación y ceremonia de conexión sagrada, con el propósito de integrar a quienes sientan el llamado a ser parte del cumplimiento de las profecías.
“Profecía”, por lo tanto, debe entenderse no como un destino fatalista ni como una visión sobre un universo determinista, sino como un proyecto de ingeniería cósmica: la voz de consejo de un universo vivo que anhela seguir viviendo y que posee conciencia plena de su propia naturaleza autopoietica. La transformación que experimentamos y que requerimos con urgencia como humanidad nos exige retornar a un cosmos animado, donde la imaginación vuelva a ser el lienzo sagrado que expanda nuestras posibilidades de manifestar aquello que anhelamos: paz, equilibrio, vida y salud. Un mundo real que es el mundo en el que ya vivimos, pero que nos rehusamos a habitar plenamente por continuar atrapados en la fascinación de una distopía que nos niega lo que nos es orgánico y natural.
Comprendiendo esto es que comparto a continuación una compilación de narraciones proféticas cuyo origen germina en el imaginario y en la transmisión oral de los pueblos originarios del Abya Yala. Ellas constituyen el fundamento para asumir, con la mayor seriedad y rigor, la razón por la cual se convoca a esta caravana: entender que alinearse con estas historias es alinearse con aquel mensaje que proviene de más allá de una racionalidad incapaz de superar su propia decadencia.

Las profecías de las tribus arcoíris y de los siete fuegos, transmitidas por el portador de la palabra de los pueblos del norte Lee Brown.
Sumario realizado a partir de la transcripción del video del relato en 1986 en el Consejo Indígena Continental.
Introducción y los cinco ciclos del tiempo
El orador comienza explicando cómo viajó y aprendió estas historias orales de los ancianos, memorizándolas con el tiempo a medida que las escuchaba repetir. Explica que, al comienzo de cada ciclo cósmico importante, el Gran Espíritu envía un mensaje para establecer una base. Según estas enseñanzas, la humanidad ya ha atravesado el ciclo del espíritu, el ciclo del mineral y la roca, y el ciclo de las plantas. Actualmente estamos terminando el ciclo de los animales, en el que los seres humanos han investigado lo que significa vivir como animales en la tierra, y estamos a punto de hacer la transición hacia el ciclo del ser humano. En este próximo ciclo humano, nuestros poderes más altos y grandes se liberarán de la luz o del alma hacia la mente.
Las instrucciones originales y las cuatro tutelas
En los albores de este ciclo actual, el Gran Espíritu reunió a la familia humana en una isla que ahora se encuentra sumergida. El Creador anunció que la humanidad sería enviada en cuatro direcciones y cambiaría a cuatro colores con el tiempo, recibiendo enseñanzas originales que un día volverían a reunirse para compartir. A cada grupo se le entregaron dos tablillas de piedra que jamás debían ser arrojadas al suelo, ya que hacerlo haría que la tierra misma sufriera profundamente.
Los Pueblos Rojos fueron enviados a las Américas, recibiendo la tutela de la tierra, las plantas y los alimentos curativos; sus tablillas de piedra se guardan en la Reserva Hopi, en Arizona. Los Pueblos Amarillos fueron enviados al sur, recibiendo la tutela del viento, el cielo y la respiración para el avance espiritual; sus tablillas son custodiadas por los tibetanos en las montañas. Los Pueblos Negros recibieron la tutela del agua (el elemento más humilde y a la vez el más poderoso); sus tablillas se guardan en la tribu Kikuyu, al pie del monte Kenia. Los Pueblos Blancos recibieron la tutela del fuego, visible en los motores, las chispas y las bombillas, convirtiéndose en su responsabilidad viajar eventualmente por la tierra y reunir a la familia humana.
El primer temblor de la tierra y la llegada de los conquistadores
Los hopis esperaban que sus primeros hermanos y hermanas que regresaban llegaran como tortugas a través de la tierra. Cuando los conquistadores españoles llegaron cubiertos con armaduras de metal, se les dio la bienvenida y se les ofreció un apretón de manos, pero los españoles dejaron caer baratijas en sus manos en lugar de corresponder. Esto indicó que algunos habían olvidado la sacralidad de todas las cosas, desencadenando una época difícil para la humanidad.
A medida que los caminos se construían de este a oeste en lugar de norte a sur, la destrucción y la separación aumentaron. Los ancianos predijeron que se construiría una «cinta negra» en la tierra para que se desplazara sobre ella un «bicho» mecánico, lo cual se materializó como el Ford T. El primer temblor de la tierra fue tan violento que este bicho fue arrojado al aire transformado en avión durante la Primera Guerra Mundial, llenando los cielos de suciedad y enfermedades. Posteriormente, en la década de 1920, los ancianos intentaron unirse a la Sociedad de Naciones para completar el círculo de la humanidad cubriendo la puerta oriental faltante, pero fueron ignorados y excluidos, dejando el círculo incompleto.
El segundo temblor, la calabaza de cenizas y las Naciones Unidas
Los signos del segundo temblor se predijeron como un símbolo de la vida invertida —la cruz esvástica— y el sol saliendo por el oeste, representando el sol naciente de Japón. El peor uso indebido de la tutela del fuego se manifestó como la bomba atómica, descrita como una «calabaza de cenizas» que caía del cielo y convertía a la gente en briznas de hierba en un incendio de pradera.
Tras esta segunda guerra mundial, se construyó en la Costa Este un edificio de vidrio que se asemejaba a la mica del desierto, funcionando como las Naciones Unidas (la Casa de la Mica). Los líderes nativos viajaron a sus puertas para hablar en nombre de los pueblos indígenas de América del Norte, pero los países miembros vetaron su entrada, asegurando que en lugar de una verdadera paz continuarían la confusión y las pequeñas guerras.
Manifestaciones modernas e ingeniería genética
En 1949 y las décadas siguientes, los ancianos se reunieron en las reservas de las Seis Naciones para autorizar a portavoces como Thomas Banyaca a compartir públicamente estas advertencias. Predijeron impactantes realidades modernas, como el cambio de roles biológicos por parte de las personas y el descubrimiento del código genético (ADN). Advirtieron sobre el empalme genético —la creación de nuevos gérmenes y animales que al principio parecerían inofensivos, como un germen probado para los campos de algodón, pero que podrían acarrear consecuencias imprevisibles para las generaciones futuras y el medio ambiente—.
El aterrizaje del águila en la luna y la primera luz de un nuevo día
Una profecía central indicaba que el águila volaría tan alto como la noche y aterrizaría en la luna. Cuando el módulo lunar aterrizó en 1969 y se envió el mensaje de que el águila había aterrizado, los pueblos tradicionales lo reconocieron como la primera luz de un nuevo día: el final de un largo invierno y el retorno del poder espiritual nativo.
Manifestaciones físicas siguieron inmediatamente a este evento, ocurriendo en un plazo de siete días: se puso en marcha el primer programa nativo contra el alcoholismo en Arizona y se presentó ante el Congreso la Ley de Libertad Religiosa de los Indios Americanos, firmada posteriormente como ley por el presidente Carter en 1978 para proteger legalmente las ceremonias nativas.
El inminente tercer temblor y las aldeas de piedra
El orador advierte que la humanidad se enfrenta ahora a la llegada de un tercer temblor de la tierra. El signo de este próximo acontecimiento es la habitación permanente de seres humanos en una casa construida en el cielo: estaciones espaciales en órbita. A diferencia de las dos primeras guerras mundiales, en las que hubo advertencias, en la tercera la humanidad estará sola.
Durante este tiempo, existirán «aldeas de piedra» masivas (grandes ciudades), donde la gente vivirá como cáscaras vacías alejadas de los conocimientos tradicionales. La profecía advierte que estas ciudades podrían convertirse en vapor si las personas no despiertan espiritualmente. Sin embargo, el orador enfatiza que las profecías son condicionales: aunque detener el tercer temblor por completo es improbable debido a la persistente discordia racial y religiosa, la gente aún puede contrarrestarlo compartiendo las enseñanzas, terminando con la división y trabajando para reunir a la familia humana antes de que llegue el amanecer final.

Regina: 2 de octubre no se olvida — La síntesis entre geopolítica sagrada, movimientos sociales y la profecía del continente
Publicada en 1987 por el escritor e historiador mexicano Antonio Velasco Piña, Regina: 2 de octubre no se olvida es una obra clave de la literatura esotérica y de la historiografía alternativa hispanoamericana. A través de una narrativa que entrelaza la crónica histórica, el mito y la geografía sagrada, el libro reinterpreta los acontecimientos políticos del México de finales de los años sesenta a la luz de una profecía de alcance planetario: el despertar espiritual del continente americano mediante la unión del Águila y el Cóndor.
1. El gran peregrinaje energético: Del Tíbet a las Américas
La premisa fundamental de la obra sostiene que la Tierra es un organismo vivo cuyos centros de energía espiritual (o chakras planetarios) no son estáticos, sino que migran a lo largo de los grandes ciclos de la historia humanitaria.
Durante milenios, el centro espiritual del planeta permaneció asentado en la cordillera del Himalaya y en las mesetas del Tíbet. Sin embargo, tras la invasión china al Tíbet a mediados del siglo XX, esta energía cósmica inició un viaje de desplazamiento hacia su nueva sede en el continente americano.
2. El Cinturón de Fuego y las convulsiones sociales de los años 60
Para completar su traslado hacia Occidente, la corriente telúrica viajó a través de la falla geológica conocida como el Cinturón de Fuego del Pacífico. Velasco Piña plantea una correlación directa entre el paso de esta energía y los fenómenos socioculturales de la época: a medida que la fuerza cósmica avanzaba por las costas del Pacífico, desestabilizaba las estructuras sociopolíticas rígidas del viejo orden.
Las revoluciones culturales, el auge de los movimientos estudiantiles y la efervescencia social que sacudieron a diversos países de Asia, Europa y las Américas en la década de 1960 no fueron acontecimientos aislados, sino la manifestación visible del paso de esta corriente regeneradora sobre la psique colectiva de la juventud mundial.
3. Regina y la reactivación del Valle de México
La figura central de la obra es Regina Teuscher Pérez, presentada como la encarnación de la energía femenina sagrada (un avatar). Nacida en México y educada en las tradiciones secretas del Tíbet, Regina regresa a su país natal con la misión de actuar como un pararrayos consciente para canalizar el flujo energético que se aproximaba.
Acompañada por guardianes de diversas tradiciones autóctonas, Regina realiza un trabajo de reactivación litúrgica en los principales centros sagrados y volcánicos del centro de México (como Teotihuacán, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl). El Valle de México opera así como el gran condensador y nodo de recepción de la energía telúrica internacional.
4. La resignificación de Tlatelolco: El sacrificio del 2 de octubre
El clímax de la novela ofrece una relectura de la trágica matanza estudiantil del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas. Lejos de reducir el evento a un episodio de represión estatal, la narrativa lo reinterpreta como un acto de ofrenda y sacrificio colectivo consciente.
En la visión del autor, la caída de Regina y de los jóvenes en Tlatelolco representó la entrega de sangre sagrada necesaria para romper el letargo espiritual del país, consagrar el suelo mexicano y sellar la apertura del canal que proyectaría la nueva conciencia hacia el resto del hemisferio.
5. La unión del Águila y el Cóndor: El Altiplano Andino como nuevo centro planetario
El propósito final del movimiento iniciado en México es la integración de las dos grandes fuerzas espirituales del continente:
- El Águila: Que representa la energía mental, el intelecto y la visión mística fijada en los pueblos del Norte y Mesoamérica.
- El Cóndor: Que encarna la vitalidad, la fuerza física y la sabiduría ancestral de los pueblos andinos y del Sur.
La profecía concluye que, tras la activación realizada en el centro de México, la energía se proyecta de manera definitiva hacia el Altiplano Central Andino (la cuenca del lago Titicaca, abarcando Bolivia y Perú). Es en esta región donde se establece el nuevo chakra o faro espiritual de la humanidad, convirtiendo a las Américas en el escenario central para la evolución de la conciencia en la era naciente.
La caravana CUCAC y la semillas de un nuevo mundo
La Caravana de la Unión de Corazones del Águila y el Cóndor, aunque imaginada en la visión desde hace más de diez años, se consolida hoy como el vehículo ceremonial y la red de tejido humano indispensables para encauzar y concretar aquello que hoy renueva su nombre: la transición de la Semilla de un Nuevo Mundo a Semillas de un Nuevo Mundo.
Esta marcha es el proceso de peregrinaje ceremonial y el foro presencial de encuentro necesario para convocar a quienes sientan el llamado a convertirse en estas semillas, destinadas a ser sembradas en la Aldea Paititi, y en las demás aldeas que siembre la caravana, allá a los pies de la cordillera de los Andes, en el corazón vivo del Cóndor.
Es gracias a este caminar que será posible consolidar la Tribu Muxuq Nina —la tribu del Fuego Nuevo—, este Círculo de Medicina integrado por seres arcoíris, de todos los colores, de todas las naciones y de todos los orígenes. Una diversidad unificada capaz de dar continuidad orgánica a aquellas profecías que se resguardan tanto en los textos esotéricos de las profecías de Tiwanaku como en las tradiciones orales custodiadas por los portadores de este fuego.
Les invito a leer el texto que en 2016 compiló estas historias y visiones, titulado La Semilla de un Nuevo Mundo. Es un escrito vivo —un borrador leído y citado ya por cientos de académicos— que no pretende quedarse en la teoría, sino actuar desde la praxis: sembrar y descolonizar con las manos directamente en la chakra, en la tierra, no en la biblioteca ni en las pantallas.
La semilla germinada es hoy la Aldea Paititi, un proyecto que desde 2010 se gestiona de la mano de los integrantes de la Tribu Musuq Nina y de los custodios del territorio sagrado donde se sembró —por arte de magia— el corazón de la biodiversidad mundial: Candelaria Madidi Ecológico.
Si han llegado hasta aquí y desean profundizar en las raíces de esta historia, pueden consultar el texto enlazado, ver el documental Seeds of Change —donde registramos las exploraciones iniciales del territorio para la fundación de la Aldea— y explorar el corpus de conocimiento que hemos ido recopilando en el sitio web de Círculo de Medicina para aportar claridad y luz al camino.
No existe un solo espacio en el mundo donde alguien pueda refugiarse de este sueño y declarar que no desea pertenecer a él. En cualquier rincón del círculo o de la caravana donde elijas estar, pertenecer, aportar o contemplar, eres bienvenido y bienvenida.
