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7 Tecpatl

Repetir el error

El meme de Albert Einstein nos dice que "intentar obtener un resultado diferente utilizando el mismo método es la definición de locura"; y los terapeutas de la nueva era que "la vida nos dará la misma lección hasta que la aprendamos". Hoy los invito a ver los matices que pueden hacer que estas afirmaciones sean inexactas. Hay mucho aprendizaje que se logra mediante la comisión de un error, se llama aprendizaje apofático. Cuando lo repetimos, hay pequeños cambios, en el tiempo, en la perspectiva; incluso si parece ser el mismo error, siempre hay algo diferente, y siempre algo nuevo que aprender.

No te sientas culpable por tropezar con el mismo error o problema nuevamente. No te digas a ti mismo que es porque no has aprendido. Lo has hecho, pero tú o algo más ha elegido poner la misma situación en tu camino nuevamente. Tal vez no sea un error, es una oportunidad. ¿Y no deberíamos amar las oportunidades?

Mérito.

No se nos debe nada y no hay un nada que se nos va a regalar, solo porque sí. No tenemos derecho a nada, no importa cuán bien hayamos hecho. En el otro extremo, no estamos condenados, maldecidos ni debemos nada por cualquier cosa que hayamos hecho. Solo en nuestras cabezas. Para el mundo con el que nos relacionamos, hay causa y efecto, y lo que sea que hagamos o no hagamos, traerá un efecto. El efecto será confirmado por nuestro estado mental y vibración, y ambos extremos descritos realmente no son tan meritorios. Tal vez el espíritu nos favorecerá cuando juguemos limpio, seamos honestos, veamos lo que es real y hagamos aquello que es para el bien común; No es nuestro viaje de ego consumista, sino nuestras acciones y hechos. Nuestro oficio nuevamente es lo que cuenta, lo que es real, lo que al menos otros tomarán como reales; ¿Otros son reales para ti?

El camino continúa hoy solamente si estás dispuesto a hacer aquello que está bien, dar, cumplir con tu labor y mejorarla. Conforme seamos capaces de entregar resultados, el camino a nuestro destino anhelado se abrirá. Según seamos creativos y podamos crear algo que no había, nos estaremos acercando a donde queremos llegar. Depende de nosotros, el favor llega por mérito.

Cortar.

La tierra es tan abundante que nos permite elegir los límites que queremos tener. Estos límites existen, por supuesto, pero no son del todo impuestos; son, en cierto modo, optativos. Nosotros nos medimos y establecemos qué es lo que nos agota y qué estamos dispuestos a soportar: el peso que podemos cargar, el esfuerzo que podemos realizar.

Parece que es el cuerpo quien decide, y en gran medida es así, pero este se encuentra regido y acompañado por un sistema nervioso que piensa y del cual tú llevas el timón. El timón dirige el rumbo y proporciona la visión y, por tanto, el porvenir del organismo vivo; para eso existe. Son nuestras decisiones conscientes sobre sobrevivir, vivir, prosperar y disfrutar las que nos impulsan y regulan en las determinaciones de cada día. Nuestro cuerpo nos habla de cómo se siente, qué quiere y qué rechaza, mientras nosotros, basándonos en un cálculo intelectual de lo que es posible y conveniente, decidimos el actuar. Ahí, la autonomía del individuo consciente se ve absorbida, limitada y dotada por las potencialidades del mundo exterior, el ambiente, la tierra y el marco conceptual y comunitario donde el individuo está anidado.

Las circunstancias determinan el margen de acción; desde allí, el ser consciente decide qué actividades ejercer u omitir, y el cuerpo obedece y avisa hasta dónde puede y cuánto desea. El ser consciente se ve limitado por lo que se extiende fuera de él, poseyendo esto una polaridad tanto restrictiva como facultante.

El principio de la visión clara —interdimensional, transdisciplinaria y realista de nuestra situación—, el espejo de una cosmovisión íntegra y de un ser viviente sano y despierto, nos lleva a contemplar el desarrollo de los tiempos, el ambiente y el enredo en el que podamos vernos involucrados. Hoy ese enredo es mayúsculo: es el de una civilización atascada en un estado de in-evolución autodepredadora, destinada a extinguirse a sí misma. Nuestro entorno no sufre dificultades temporales que simplemente pasan. Hay un escalamiento de problemáticas y un confinamiento radicalizado hacia la frágil dependencia de sistemas que no pueden continuar mucho más sin romperse. Existe una economía de la destrucción basada en la extracción y el aniquilamiento de pueblos, paisajes y de la capacidad de retroalimentación vital (agua, aire, tierra, eliminación de tóxicos).

En México, por citar un ejemplo, se vive —al igual que en otros lugares— el proceso de implementación de sistemas de vigilancia diseñados para que, eventualmente, se puedan extinguir y controlar grupos insurgentes y organizaciones criminales en su totalidad; pero también la disidencia y la oposición a las agendas y proyectos oficiales, sin importar cuán dañinos sean. Vivimos el perfeccionamiento de los sistemas de control totalitario, pero para llegar a ese punto, debemos resolver algo que no se ha abordado desde sus raíces conceptuales: ¿qué es el crimen y cómo se encara?

Encarando el crimen

Independientemente de lo que lleve adelante la oligarquía tecnocrática, el día de hoy resonará en nosotros la necesidad de desmenuzar y fijar una postura clara sobre lo que consideramos injusto y cómo enfrentarlo. Por un lado, tendremos que aprender a perdonar y comprender que, en un mundo tan complejo y manchado, nadie puede realmente lanzar la primera piedra. Crear comunidades y tribus es un mecanismo para resolver la ajenidad y trascender pasados ajenos. Mientras no seamos nada el uno para el otro —mientras no nos perjudique que el de al lado dañe a terceros—, no haremos nada, pues es un extraño, un ser ajeno. El paradigma de la ajenidad y el individualismo de consumo que se nos impuso implica, automáticamente, una tolerancia nacida de la imposibilidad de inmiscuirse íntimamente en la vida del otro. En cambio, cuando somos tribu, el otro nos importa y lo que uno hace afecta a todos. Las injusticias no se resuelven solo castigando y expulsando, sino sanando lo que permitió que sucedieran en primer lugar, y perdonando a quien, con amor, decide resarcir el daño y no repetirlo.

Por otro lado, están quienes deciden no abandonar el paradigma individualista y participan activamente en actividades que nos perjudican. Muchas veces es un tema de vida o muerte, como ocurre con el agua y el medio ambiente. Tener una posición clara y un plan de acción para encarar estos desafíos es la tarea que el nawal de hoy pone sobre nuestra mesa. No tendremos tiempo de resolverlo todo hoy. Mañana comienza otro proceso, pero regresaremos aquí, al mismo día, 260 días después, y aquello que no quisimos o no pudimos encarar seguirá pendiente, y será aún más crítico.

En este punto de inflexión, cortar no es un acto de violencia, sino de discernimiento quirúrgico. Significa separar la maleza del sistema parasitario de la raíz de nuestra propia vitalidad. Si no somos capaces de trazar esa línea hoy, el sistema de vigilancia —ya sea digital o ancestral— lo hará por nosotros, convirtiendo nuestra indecisión en su materia prima. La soberanía no se hereda ni se recibe; se reclama en el momento en que decidimos dejar de ser cómplices de la ajenidad y asumimos la responsabilidad de nuestra propia tribu. El tiempo se agota para las simulaciones: o nos convertimos en los arquitectos de nuestra limitación saludable, o seremos los prisioneros del límite impuesto por quienes solo saben cosechar el dolor ajeno. La elección es el único espacio de libertad que nos queda antes de que el próximo ciclo nos encuentre más vulnerables.

¡Aloha!

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