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Círculo de palabra

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5 Kowatl

Poniéndose bajo.

Hay mucho que decir y mucha actividad está naciendo al estar pasando el zuvuya. Para muchos, es el inicio de nuevos proyectos. Grandes estructuras se construyeron o derribaron para que esto se hiciera realidad, en los últimos días. Ayer evitamos un accidente, tras la llegada de la sabiduría más humilde. Se puede pronosticar un gran regreso a la actividad para hoy, una acción intensa, pero en cambio me cuesta mantenerme despierto. Siento ganas de mantener un perfil bajo, sin hacer nada, dado que hay tanto por hacer.

Esas son las palabras clave de hoy, aplicadas a muchas situaciones que pueden ser muy diferentes. Después de estar atrapados por la vida y de no tener recursos, nace nuestra propia fuerza de voluntad para salir a cazar. Deseamos amor y lo exigimos, buscamos las cosas de una manera muy directa, sin procesar, sin filtrar, cruda y sin sofisticación. El día de hoy representa esa naturaleza en nosotros que aún no ha madurado. Puede presentarse como una propuesta o un deseo imprevisto que, si seguimos la sabiduría de hoy, simplemente dejaremos ser. Más adelante lo veremos con desdén desde otra perspectiva más elaborada, pero qué demonios, necesitamos probar esta dimensión. La dimensión de hoy, que puede manifestarse siempre que se invoque la combinación, es un proceso imprescindible en el crecimiento y desarrollo de algo grande y completo. Si es divertido, debes hacerlo, sin importar lo bajo que parezca ni las consecuencias que traiga. Los problemas surgen cuando negamos esta parte de nosotros; es un equilibrio. La abstinencia es tan desequilibrada como el exceso. Deja que tu naturaleza baja también te guíe en la vida.

Deseo.

Estamos en la serpiente primordial, la primera secuencia que despliega lo que verdaderamente hay dentro. Es el tiempo de reconocer lo original, lo esencial, de reconectar con lo que realmente habita en nuestro interior: nuestros sentimientos, nuestro cuerpo, y de no caer presa de imposiciones externas. Alineados con el escenario planetario de esta época del año y de esta era, hoy es el día en que debemos reconocer lo que verdaderamente deseamos. Este reconocimiento no surge del pensamiento, sino de la meditación. La meditación permite que emerja el silencio interior y nos posibilita sentir y reconocer lo que nuestro cuerpo quiere, lo que desea; y sí, esto involucra el placer.

La espiritualidad consumista no desafía el status quo, sino que más bien lo refuerza, quitándonos fuerza al enseñarnos a soportar cualquier situación injusta y carente de placer que se nos imponga. Dibuja la imagen de un mundo bello y equilibrado, lleno de alegría plástica, cuando en realidad estamos en el núcleo triturador de una máquina de destrucción, siendo testigos de cómo esta civilización se desmorona y arrastra consigo a toda la vida que puede, creando tanta toxicidad, enfermedad, ruido y contaminación como le es posible. Puede que tengamos una conexión rápida y pantallas de alta resolución, suscripciones y muchos canales para mirar, pero carecemos de conexión real, de placer sexual, de libertad, de tiempo y del gozo de habitar nuestro propio espacio, de la libertad con la naturaleza y de la verdadera riqueza.

Hoy debemos escuchar nuestro deseo, y este nos mostrará lo que falta, incluso si tenemos mucho. La espiritualidad enseñada modernamente nos dice que el deseo es negativo, que el placer es pecado, que genera el ciclo negativo de la carencia porque los placeres no se satisfacen. Esta es una enseñanza inmadura, porque solo es cierta dentro de un contexto urbano de amo-esclavo, donde el placer puede desbordarse de manera antinatural (para el amo); pero en nuestro contexto, como verdaderos buscadores de la espiritualidad, es incompleta e ineficaz, porque somos criaturas ligadas a la tierra, con deseos, y satisfacerlos no es pecado ni está mal. No poder satisfacerlos es el efecto de una sociedad desnaturalizada; es un producto de un diseño artificial de opresión, no de lo sagrado ni de la naturaleza.

El nawal de hoy nos enseña que la verdadera espiritualidad debe nacer de nuestro derecho natural a satisfacer nuestros deseos y nuestras necesidades corporales, y que cuando estas son satisfechas, no hay lugar para el vicio ni la degeneración. Si seguimos esta enseñanza hacia adelante, seremos guiados por el sendero de la medicina de la sabiduría; por eso estás aquí.

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