Círculo de palabra
6 Oselotl
Citando a Julian Katari del 22/03/2025, 11:23 pm
Rugido silencioso
Todos lo tenemos: algún hábito, situación, desequilibrio, fanatismo, carencia, exceso, algo que le hace mal a nuesto cuerpo. Esto va creciendo con los años y, aunque podemos superar algunos y muchos, otros aparecen y pocos simplemente no se van. Pueden ser sagrados, como el trabajo. Nos gusta, alimenta a nuestros hijos, trae vida, amor y luz al mundo, pero le termina costando al cuerpo. Silenciosamente, clama por descanso, por cambio, y en lugar de atender su llamado, seguimos adelante, lo silenciamos, lo mantralizamos, lo convertimos en nuestra fuerza. Así estaba destinado a ser, dice el jaguar.


Rugido silencioso
Todos lo tenemos: algún hábito, situación, desequilibrio, fanatismo, carencia, exceso, algo que le hace mal a nuesto cuerpo. Esto va creciendo con los años y, aunque podemos superar algunos y muchos, otros aparecen y pocos simplemente no se van. Pueden ser sagrados, como el trabajo. Nos gusta, alimenta a nuestros hijos, trae vida, amor y luz al mundo, pero le termina costando al cuerpo. Silenciosamente, clama por descanso, por cambio, y en lugar de atender su llamado, seguimos adelante, lo silenciamos, lo mantralizamos, lo convertimos en nuestra fuerza. Así estaba destinado a ser, dice el jaguar.
Citando a Julian Katari del 07/12/2025, 5:30 pmSabiduría.
Anoche, mientras caminaba por la ciudad, vi a unos amigos extranjeros—uno de Canadá, otro de Hungría y el tercero de Polonia—sentados en un bar muy hermoso y a la mode que recientemente había descubierto y que me había despertado bastante curiosidad, pero que aún no había tenido la oportunidad de visitar. Decidí unirme a ellos. Rodeado del bullicio ruidoso del local, que se iba llenando de gente, me adentré en una conversación atípica, profunda e intelectual con mi amigo canadiense, quien resulta ser muy culto, inteligente e informado. No era la primera vez que nos embarcábamos en charlas nerds, y para entonces él ya se había vuelto una referencia para mí sobre cómo piensa hoy un alma inteligente y despierta proveniente de las tierras invernales del norte. Para mí es un ejemplo de cómo, en este mundo moderno, tener la mejor información y ser capaz de discernir lo verdadero de lo falso aún no basta para trascender las estructuras mentales que nos impone nuestro actual proceso evolutivo. Habiendo recopilado y meditado nuestras conversaciones filosóficas previas y pudiendo, en esta ocasión, confrontarlo por fin para que explicara con mayor detalle su concepción y su visión del mundo, creo que, mientras visitaba el baño, resolví lo que pensaba que podría ser una especie de conflicto eterno.
En el auge de la conciencia siendo integrada en la investigación científica occidental—y convirtiéndose esto en la nueva ola de transformación del paradigma materialista y su legado colonial—ha surgido una hipótesis controvertida propuesta por individuos muy serios e intelectualmente sólidos. Es la teoría de que todo es información y, por ende, vivimos en una especie de simulación “computacional”. Según la entrevista que vi del autor de esta teoría, ésta resuelve lo que en otros teoremas parecían disputas irresolubles entre la conciencia, la teología, la física cuántica y la cosmología.
Mi amigo canadiense parece ser un buen “creyente” y “practicante” de este paradigma, así que yo observo cómo le sirve en su existencia humana. Resulta ser, como él mismo expresó, que se siente atrapado por una realidad que es como una cárcel para el alma. Esto curiosamente imita el mismo paradigma epistemológico que yo siempre, en cierto modo, he criticado y confrontado: el que proviene de un legado monoteísta de la dicotomía espíritu-cuerpo, del dualismo separatista. Es el mismo producto, reempaquetado. Al volver del baño, profundicé más en el tema con mi amigo, y fue entonces cuando expresó cómo le hace sentir esta visión del mundo. Me tomó unos segundos encontrar la palabra, porque no la saqué del fondo de mi mente ni de mis rutas neuronales informadas e intelectuales, sino de un lugar más vivo y verdadero. Le dije: esta es una cosmovisión, y te deja sin agencia.
Lo que esto significa es que, si creemos que todo es una “simulación informática” o una “matriz fija” o un “campo de información”, no queda espacio para una vida real. ¿Qué es la vida? Tener agencia. Tener agencia implica la posibilidad de que no todo esté predeterminado ni que estemos atrapados en campos neuronales fijos y sólidos. Al no poder desarrollar esto más con mi amigo en el bar, elijo hacerlo aquí, brevemente. Estar atrapado por la materia es solo una creencia, como realmente lo es todo. Tener agencia es permitirte creer en algo que te sirva, donde tengas libertad de elección, y donde lo que crees imposible sea solo un pensamiento, solo una creencia. Aquello que crees una realidad inmutable, no lo es; la inmutabilidad la crea únicamente tu mente. El baño me iluminó con la visión. Sí, hay estructuras y, no, no somos solo almas fluyendo por un mar de conciencia donde podemos desplazarnos hacia donde nuestra intención nos guíe. No por ahora. Sí estamos “algo” atrapados momentáneamente por este momento, esta vida, con su cuerpo y la tierra que lo sostiene como un vehículo. Pero el hecho de saber que esto es finito (podemos acordar que la muerte del cuerpo es un hecho) implica que conocemos un antes y un después, un más allá. Podemos estar tranquilos sabiendo que esta “trampa” de estar vivos es solo temporal, y que si eres lo suficientemente sabio y expansivo, quizá puedas verla como una oportunidad en vez de una carga.
Vivimos el encuentro constante entre una materialidad limitada y limitante, y una infinitud creativa e ilimitada de conciencia y espíritu. Lo complejo de soportar es este dualismo complementario (no dicotómico), este choque entre el fuego y el agua. En ese momento, con mi vara de sagacidad en la mano, supe que acababa de descargar la sabiduría de los nahuales de hoy. Seguramente esto no es nuevo; ha sido pensado y resuelto por filósofos de todas las culturas en el pasado, aunque quizá en un contexto y con un lenguaje ligeramente distinto. Entra el reino femenino, donde nada es realmente nuevo, nada es realmente desconocido.
Sabiduría.
Anoche, mientras caminaba por la ciudad, vi a unos amigos extranjeros—uno de Canadá, otro de Hungría y el tercero de Polonia—sentados en un bar muy hermoso y a la mode que recientemente había descubierto y que me había despertado bastante curiosidad, pero que aún no había tenido la oportunidad de visitar. Decidí unirme a ellos. Rodeado del bullicio ruidoso del local, que se iba llenando de gente, me adentré en una conversación atípica, profunda e intelectual con mi amigo canadiense, quien resulta ser muy culto, inteligente e informado. No era la primera vez que nos embarcábamos en charlas nerds, y para entonces él ya se había vuelto una referencia para mí sobre cómo piensa hoy un alma inteligente y despierta proveniente de las tierras invernales del norte. Para mí es un ejemplo de cómo, en este mundo moderno, tener la mejor información y ser capaz de discernir lo verdadero de lo falso aún no basta para trascender las estructuras mentales que nos impone nuestro actual proceso evolutivo. Habiendo recopilado y meditado nuestras conversaciones filosóficas previas y pudiendo, en esta ocasión, confrontarlo por fin para que explicara con mayor detalle su concepción y su visión del mundo, creo que, mientras visitaba el baño, resolví lo que pensaba que podría ser una especie de conflicto eterno.
En el auge de la conciencia siendo integrada en la investigación científica occidental—y convirtiéndose esto en la nueva ola de transformación del paradigma materialista y su legado colonial—ha surgido una hipótesis controvertida propuesta por individuos muy serios e intelectualmente sólidos. Es la teoría de que todo es información y, por ende, vivimos en una especie de simulación “computacional”. Según la entrevista que vi del autor de esta teoría, ésta resuelve lo que en otros teoremas parecían disputas irresolubles entre la conciencia, la teología, la física cuántica y la cosmología.
Mi amigo canadiense parece ser un buen “creyente” y “practicante” de este paradigma, así que yo observo cómo le sirve en su existencia humana. Resulta ser, como él mismo expresó, que se siente atrapado por una realidad que es como una cárcel para el alma. Esto curiosamente imita el mismo paradigma epistemológico que yo siempre, en cierto modo, he criticado y confrontado: el que proviene de un legado monoteísta de la dicotomía espíritu-cuerpo, del dualismo separatista. Es el mismo producto, reempaquetado. Al volver del baño, profundicé más en el tema con mi amigo, y fue entonces cuando expresó cómo le hace sentir esta visión del mundo. Me tomó unos segundos encontrar la palabra, porque no la saqué del fondo de mi mente ni de mis rutas neuronales informadas e intelectuales, sino de un lugar más vivo y verdadero. Le dije: esta es una cosmovisión, y te deja sin agencia.
Lo que esto significa es que, si creemos que todo es una “simulación informática” o una “matriz fija” o un “campo de información”, no queda espacio para una vida real. ¿Qué es la vida? Tener agencia. Tener agencia implica la posibilidad de que no todo esté predeterminado ni que estemos atrapados en campos neuronales fijos y sólidos. Al no poder desarrollar esto más con mi amigo en el bar, elijo hacerlo aquí, brevemente. Estar atrapado por la materia es solo una creencia, como realmente lo es todo. Tener agencia es permitirte creer en algo que te sirva, donde tengas libertad de elección, y donde lo que crees imposible sea solo un pensamiento, solo una creencia. Aquello que crees una realidad inmutable, no lo es; la inmutabilidad la crea únicamente tu mente. El baño me iluminó con la visión. Sí, hay estructuras y, no, no somos solo almas fluyendo por un mar de conciencia donde podemos desplazarnos hacia donde nuestra intención nos guíe. No por ahora. Sí estamos “algo” atrapados momentáneamente por este momento, esta vida, con su cuerpo y la tierra que lo sostiene como un vehículo. Pero el hecho de saber que esto es finito (podemos acordar que la muerte del cuerpo es un hecho) implica que conocemos un antes y un después, un más allá. Podemos estar tranquilos sabiendo que esta “trampa” de estar vivos es solo temporal, y que si eres lo suficientemente sabio y expansivo, quizá puedas verla como una oportunidad en vez de una carga.
Vivimos el encuentro constante entre una materialidad limitada y limitante, y una infinitud creativa e ilimitada de conciencia y espíritu. Lo complejo de soportar es este dualismo complementario (no dicotómico), este choque entre el fuego y el agua. En ese momento, con mi vara de sagacidad en la mano, supe que acababa de descargar la sabiduría de los nahuales de hoy. Seguramente esto no es nuevo; ha sido pensado y resuelto por filósofos de todas las culturas en el pasado, aunque quizá en un contexto y con un lenguaje ligeramente distinto. Entra el reino femenino, donde nada es realmente nuevo, nada es realmente desconocido.