Círculo de palabra
12 Acatl
Citando a Julian Katari del 10/04/2025, 3:49 pm
Ser real
la mujer perfecta es una invención del hombre, un ideal fácilmente alcanzable por una mujer. Es nuestra capacidad, libertad -y en honor a nosotros mismos- deber de ser lo más alto, máximo y hermoso de nosotros mismos. Es la proyección máxima de nuestra capacidad, la cual encuentra su máxima expresión en las relaciones fértiles de hombre y mujer. Traumados generacionalmente, nos han programado para estigmatizar y perder de vista este ideal y esta capacidad, reemplazándola con malos estereotipos de los que, al querer alejarnos, nos alejamos también de nuestra plenitud, negándonos esa belleza y perfección que sí se puede alcanzar. Encontramos originalidad al resignarnos de la belleza y la perfección e identificarnos con la fealdad e imperfección. Así reproducimos el sin fin de hábitos que nos hacen precisamente así: feos, malhechos, incompletos e insatisfechos. Nos enorgullecemos de poder sobrellevarlo sin rendirse, en vez de darse cuenta de que es nuestra propia mente que nos engaña a creer que ese es el espíritu y la realidad. En realidad cualquier día podemos de dejar de bajar la mirada, escondernos y sentirnos mal, y ver de qué forma podemos ser aún mucho más hermosos.


Ser real
la mujer perfecta es una invención del hombre, un ideal fácilmente alcanzable por una mujer. Es nuestra capacidad, libertad -y en honor a nosotros mismos- deber de ser lo más alto, máximo y hermoso de nosotros mismos. Es la proyección máxima de nuestra capacidad, la cual encuentra su máxima expresión en las relaciones fértiles de hombre y mujer. Traumados generacionalmente, nos han programado para estigmatizar y perder de vista este ideal y esta capacidad, reemplazándola con malos estereotipos de los que, al querer alejarnos, nos alejamos también de nuestra plenitud, negándonos esa belleza y perfección que sí se puede alcanzar. Encontramos originalidad al resignarnos de la belleza y la perfección e identificarnos con la fealdad e imperfección. Así reproducimos el sin fin de hábitos que nos hacen precisamente así: feos, malhechos, incompletos e insatisfechos. Nos enorgullecemos de poder sobrellevarlo sin rendirse, en vez de darse cuenta de que es nuestra propia mente que nos engaña a creer que ese es el espíritu y la realidad. En realidad cualquier día podemos de dejar de bajar la mirada, escondernos y sentirnos mal, y ver de qué forma podemos ser aún mucho más hermosos.
Citando a Julian Katari del 26/12/2025, 3:47 pmMonstruo.
Muchas veces, los opuestos son más parecidos de lo que pensamos; la oposición suele surgir únicamente del punto de vista. En la vida y en la naturaleza existen entidades y organismos vivos altamente especializados. Desde la perspectiva de uno, otro puede parecer monstruoso. Si eres un comensal delicado, altamente obsesionado con la higiene, piensa en el cerdo y su manera de alimentarse. La distancia entre estas perspectivas es tan grande que el cerdo se ha convertido en un arquetipo asociado con lo monstruoso.
El nawal de hoy es altamente específico y, a través de él, podemos observar nuestros gustos peculiares, nuestras obsesiones y el refinamiento de nuestra intención. Algunos pueden ser más flexibles y tolerantes; otros deben habitar estrictamente dentro de la piel de su ser altamente especializado. Dependiendo del punto de vista, lo que para uno es bello, para otro puede ser monstruoso. No estamos aquí para juzgar ni para luchar, sino para comprender que todos vestimos pieles diferentes. Aunque en esencia seamos los mismos y estemos profundamente conectados, vivimos en un reino de la Madre Tierra donde las sombras se vuelven parte de la piel que vestimos, otorgándonos singularidad, personalidad e individualidad.
Si hemos de vivir aquí en paz, debemos comprender el nawal de hoy y cómo se refleja en todos los aspectos de la existencia. A veces quedamos atrapados en un ciclo en el que creemos que existe una sola manera limpia, una sola manera bella, y llegamos incluso a desear imponerla a los demás. Un mundo sin alta especialización es un mundo sin diversidad ni singularidad: aburrido, plano y feo. Esta mentalidad puede servir como excusa para que lo verdaderamente monstruoso, los auténticos destructores, continúen imponiendo su visión. Esta es la verdadera monstruosidad: cuando las ideas se “normalizan” y se imponen sin comprensión. Si realmente las comprendiéramos, no las repetiríamos.
El nawal de hoy nos invita a descubrir y refinar nuestra verdadera individualidad —nuestros gustos, nuestra personalidad— y a serle fieles, pues son señales de nuestro espíritu.
Monstruo.
Muchas veces, los opuestos son más parecidos de lo que pensamos; la oposición suele surgir únicamente del punto de vista. En la vida y en la naturaleza existen entidades y organismos vivos altamente especializados. Desde la perspectiva de uno, otro puede parecer monstruoso. Si eres un comensal delicado, altamente obsesionado con la higiene, piensa en el cerdo y su manera de alimentarse. La distancia entre estas perspectivas es tan grande que el cerdo se ha convertido en un arquetipo asociado con lo monstruoso.
El nawal de hoy es altamente específico y, a través de él, podemos observar nuestros gustos peculiares, nuestras obsesiones y el refinamiento de nuestra intención. Algunos pueden ser más flexibles y tolerantes; otros deben habitar estrictamente dentro de la piel de su ser altamente especializado. Dependiendo del punto de vista, lo que para uno es bello, para otro puede ser monstruoso. No estamos aquí para juzgar ni para luchar, sino para comprender que todos vestimos pieles diferentes. Aunque en esencia seamos los mismos y estemos profundamente conectados, vivimos en un reino de la Madre Tierra donde las sombras se vuelven parte de la piel que vestimos, otorgándonos singularidad, personalidad e individualidad.
Si hemos de vivir aquí en paz, debemos comprender el nawal de hoy y cómo se refleja en todos los aspectos de la existencia. A veces quedamos atrapados en un ciclo en el que creemos que existe una sola manera limpia, una sola manera bella, y llegamos incluso a desear imponerla a los demás. Un mundo sin alta especialización es un mundo sin diversidad ni singularidad: aburrido, plano y feo. Esta mentalidad puede servir como excusa para que lo verdaderamente monstruoso, los auténticos destructores, continúen imponiendo su visión. Esta es la verdadera monstruosidad: cuando las ideas se “normalizan” y se imponen sin comprensión. Si realmente las comprendiéramos, no las repetiríamos.
El nawal de hoy nos invita a descubrir y refinar nuestra verdadera individualidad —nuestros gustos, nuestra personalidad— y a serle fieles, pues son señales de nuestro espíritu.